Clausura 2026FEMENILTigres Femenil

Empate que incomoda: cuando Tigres Femenil domina… pero deja de creer en sí mismo

El 0-0 de Tigres Femenil ante Mazatlán Femenil en El Encanto no fue solo un empate sin goles. Fue uno de esos partidos que dejan más preguntas que respuestas, porque el resultado no refleja únicamente lo que pasó en la cancha, sino lo que viene arrastrando el equipo desde hace tiempo: un dominio que ya no se traduce en contundencia ni en sensación de peligro real.

Las Amazonas tuvieron el balón, el control y hasta la ventaja numérica tras la expulsión de la arquera costarricense Dani Solera al minuto 90. Y ni así lograron romper el cero. Ahí está el dato que más pesa. No fue falta de tiempo, fue falta de claridad.

Porque cuando un equipo con la jerarquía, plantel y experiencia de Tigres no puede superar un bloque defensivo básico, el problema deja de ser circunstancial y empieza a ser estructural. Mazatlán hizo su partido, se defendió con orden y entendió sus limitaciones. Tigres, en cambio, nunca encontró la forma de imponer sus virtudes.

Y eso es lo que más preocupa.

El equipo circula la pelota, llega a tres cuartos de cancha, pero el último pase no aparece. Falta sorpresa, falta cambio de ritmo y, sobre todo, falta esa sensación de urgencia que durante años convirtió a Tigres Femenil en un equipo temido. Hoy el rival ya sabe cómo jugarle: cerrar espacios, esperar el error y confiar en que la frustración hará el resto.

No es casualidad que empiece a hablarse de un ciclo repetido. Llega un nuevo proyecto, el equipo responde, se consiguen títulos y después aparece una caída de intensidad que termina desgastando todo. En la era de Pedro Martínez Losa, este partido queda marcado como uno de los más flojos en funcionamiento colectivo, no solo por el resultado, sino por la falta de reacción desde el banquillo y dentro del campo.

Pero también hay que decirlo sin dramatismos: este tipo de partidos suelen ser un aviso. Tigres sigue teniendo talento, experiencia y calidad suficiente para competir por todo. El problema no es la capacidad, es la consistencia. Cuando el equipo juega a medio ritmo, pierde esa identidad que lo hizo dominante.

Mazatlán celebra un resultado histórico, y con razón. Tigres, en cambio, debe tomarlo como un llamado de atención. Porque los campeonatos no se pierden en una noche… se empiezan a escapar cuando los partidos que parecían sencillos dejan de ganarse.

La pregunta que queda en el aire es incómoda, pero necesaria:

¿es solo un mal partido o el momento de replantear el rumbo antes de que la inercia se vuelva costumbre?

Ahí está el debate. Y Tigres Femenil tiene la última palabra.


osiel maldonado

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