Monterrey reacciona con personalidad y deja a Toluca al borde del abismo

En la liguilla no basta con resistir. Hay que proponer, hay que arriesgar… y, sobre todo, hay que responder con carácter cuando el juego comienza a inclinarse en tu contra. Toluca lo hizo bien durante los primeros minutos en el BBVA: ordenado, serio, con una defensa que contenía con sobriedad el ímpetu de los Rayados. Pero el fútbol, tan impredecible como cruel, decidió castigar a quien menos lo merecía en ese momento. Un autogol de Víctor Guzmán al minuto 16 le dio una ventaja inesperada a los mexiquenses.
Fue ahí cuando Monterrey entendió que la liguilla es para valientes. Que no se puede vivir de nombres, ni de nóminas, ni de estadísticas. Nelson Deossa, con un derechazo soberbio desde fuera del área, devolvió la calma, el equilibrio y el orgullo a los suyos justo antes del descanso. Ese gol fue mucho más que un empate: fue un grito de autoridad, una declaración de intenciones.
Ya en el complemento, el equipo regio mostró su verdadero rostro. Ese que exige su afición. Sergio Canales, el hombre de las luces, el cerebro, apareció al minuto 50 para cambiar la historia. Con técnica, inteligencia y temple, marcó el 2-1. A partir de ahí, Toluca comenzó a diluirse. Germán Berterame, oportuno, preciso y en plena madurez goleadora, aprovechó un error defensivo y definió con frialdad quirúrgica. Tres partidos consecutivos marcando en liguilla, diez goles en fases finales y ya es el cuarto máximo anotador en la historia rayada en estas instancias. Lo de Berterame no es racha: es constancia, es jerarquía.
Toluca logró descontar al 82 con un cabezazo de Luan García, pero la reacción llegó tarde, cuando ya la batalla estaba casi definida. El equipo de Renato Paiva mostró intención, pero careció de ideas cuando más las necesitaba. Y en liguilla, la duda es sinónimo de eliminación.
Monterrey, sin alardear, ha dado un golpe sobre la mesa. Ha recuperado la memoria, el temple y, sobre todo, la confianza. Ahora tiene todo para cerrar la obra en el Nemesio Diez. A Toluca le toca remar contra la historia, contra el marcador y contra sus propios fantasmas.
¿Podrán los Diablos incendiar el infierno o Rayados completará la sentencia con frialdad regia?
