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TIGRES GANA, PERO NO CONVENCE DEL TODO: ENTRE EL OFICIO, LAS DUDAS Y UN LEÓN QUE NO REACCIONA

Tigres volvió a ganarle al León y rompió una pequeña racha incómoda de dos empates y una derrota. El resultado alivia, pero el contexto obliga a mirar más allá del marcador. Porque sí, Tigres ganó… pero el partido dejó más preguntas que certezas, tanto para los felinos como para un León que parece atrapado en su propia crisis.

Guido Pizarro suma 22 triunfos en 48 partidos como técnico. Números aceptables, pero no dominantes. Tigres hoy gana más por inercia, jerarquía y momentos individuales que por una identidad clara y constante. El equipo sabe competir, sabe sufrir, pero aún no termina de imponer condiciones durante 90 minutos. Y eso, en Tigres, siempre será tema de debate.

Del otro lado, el León de Ignacio Ambriz vive un segundo capítulo que dista mucho del recuerdo glorioso. Siete derrotas en 10 partidos hablan de un equipo sin respuestas. Solo una victoria en los últimos 14 encuentros y tres partidos consecutivos sin ganar confirman que el problema ya no es un bache: es una tendencia. Y cuando un equipo acepta gol en 13 partidos seguidos, como le pasa hoy al León, el diagnóstico es claro: algo está roto desde la estructura.

Marcelo Flores apareció cuando Tigres más lo necesitaba. Dos partidos seguidos marcando como visitante y, más importante aún, fue el gol que cortó una sequía de 239 minutos sin anotar. Frescura, desparpajo y personalidad. A su lado, Diego Lainez firmó uno de esos partidos que invitan a creer: gol y asistencia, influencia directa y sensación de que, cuando decide, puede marcar diferencia real.

Pero Tigres no fue solo buenas noticias. André-Pierre Gignac, en su partido 429 con el club, se fue expulsado al minuto 96 por un golpe con el antebrazo estando ya amonestado. Una acción innecesaria, impropia de su jerarquía y experiencia. El líder también debe dar ejemplo en los momentos calientes, y esta vez falló. Punto incómodo que no se puede barrer debajo de la alfombra.

Y lo extracancha tampoco puede ignorarse. Los gritos homofóbicos de la afición leonesa hacia Nahuel Guzmán en varios momentos del cierre del partido manchan el espectáculo y vuelven a evidenciar que el futbol mexicano sigue sin aprender de sus propios errores. No es pasión, no es presión, es una conducta que ya no debería tener cabida.

Tigres ganó, sí. Pero aún navega entre el control y la improvisación. León perdió otra vez, y cada semana parece más lejos de encontrarse. Uno suma puntos sin despegar del todo; el otro se hunde sin señales claras de rescate.

La pregunta queda abierta: ¿a Tigres le alcanza con competir y resolver por talento, o necesita urgentemente una versión más sólida si quiere pelear de verdad? Y León… ¿todavía está a tiempo de reaccionar o el torneo ya se le fue de las manos? Aquí está el debate.


osiel maldonado

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