Tigres reaccionó… pero el problema es que siempre reacciona tarde

El empate sabe a poco. Y no solo por el resultado, sino por la forma. Tigres igualó 1-1 ante Cruz Azul en la ida de las semifinales de la Concachampions, pero lo hizo con una reacción tardía, con más empuje que fútbol, y con el orgullo herido como principal motor. Durante más de 80 minutos, el equipo se vio lento, predecible y sin ideas. Solo en el tramo final, cuando el reloj ya era enemigo y la presión del Volcán empezaba a pesar, apareció una chispa: la cabeza salvadora de Juan Sánchez Purata.
Porque fue él, el defensor canterano, el que rescató a Tigres. No fue una jugada colectiva, no fue una genialidad de los creativos, fue un balón parado bien ejecutado por Brunetta y capitalizado por Purata, que se anticipó a todos para clavar el empate. Un gol que da vida, sí… pero que también expone lo mal que se jugó.
El análisis no puede quedarse en el resultado. Cruz Azul, sin ser brillante, fue mucho más ordenado. Supo qué hacer, cuándo hacerlo y cómo administrar el partido. Pegó primero con un gol de Rotondi y después se dedicó a administrar la ventaja, sabiendo que el gol de visitante en esta instancia pesa como plomo. Y aunque cedieron terreno al final, cumplieron su objetivo: sacar una ventaja estratégica de cara a la vuelta en Ciudad Universitaria.
Tigres, en cambio, fue un equipo con muchas dudas. La propuesta de Guido Pizarro sigue en construcción, pero los cimientos parecen endebles. La salida desde el fondo es lenta, el medio campo carece de ritmo y arriba, salvo chispazos, hay poca conexión. Se espera mucho más de jugadores como Córdoba, Quiñones, Lainez o Gignac. Pero en este partido, su influencia fue mínima. Fue Purata quien levantó la mano. Y cuando un defensor es tu mejor hombre en ataque, algo no está funcionando.
El gol del empate no borra los errores, los resalta. Porque dejó claro que cuando este equipo se decide, puede. Pero ¿por qué esperar 80 minutos para despertar? ¿Por qué jugar al filo de la navaja? Tigres tiene plantel, experiencia y jerarquía… pero no puede seguir apostando a la épica. En CU, eso no será suficiente.

Cruz Azul tiene ventaja. No solo por el marcador, sino por la tranquilidad con la que parece jugar este tipo de partidos. Tigres tiene urgencia, presión y una deuda futbolística. Si no la salda, el sueño de otra final internacional puede quedarse en eso: un simple sueño.
Y aquí viene lo más difícil: el tiempo no alcanza para reinventarse, pero sí para corregir lo básico. ¿Será Guido Pizarro capaz de reactivar a su equipo en el momento más importante? ¿O estamos viendo el principio del fin de una era que aún no termina de comenzar?
El resultado deja abierta la eliminatoria, pero la sensación es que Tigres está obligado a cambiar… o a resignarse.
